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En referencia a los asesinatos del toro de Tordesillas y del perro de Aguiño |
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Desde Defensanimal.org queremos hacernos eco de dos tristes y lamentables hechos, que en estos últimos días se han hecho públicos. En cada uno de ellos se ha producido el asesinato de un individuo que deseaba vivir y disfrutar de su vida en libertad. Nos estamos refiriendo a un toro al que le quitaron la vida durante las Fiestas de Tordesillas, y a un perro de Aguiño. Se les robó lo más valioso que tenían, su vida. En el primer caso, en Tordesillas y durante las fiestas de este año, el toro fue acosado, perseguido y rodeado por una jauría humana que blandía lanzas, las cuales fueron clavadas en su cuerpo hasta que consiguieron el fin que perseguían… matarlo. En el segundo caso, producido en Aguiño, un pueblo de Galicia, en el año 2004, un humano le propinó una tremenda paliza a un perro, al que previamente había atado a una valla. En ambos casos, los individuos eran plenamente conscientes de lo que les estaba ocurriendo. Ellos sufrieron miedo, estrés, dolor, ansiedad… Ellos querían huir de allí, querían vivir. Afortunadamente se han podido conocer ambos hechos. El caso del toro de Tordesillas se conocía mucho antes de producirse ya que es la máxima atracción de las fiestas de la localidad, y el Ayuntamiento se encarga cada año de anunciar y promocionar dicho linchamiento popular. La víctima había sido sentenciada a muerte días y meses antes, por el mero hecho de ser toro. En cuanto al perro de Galicia, hemos podido ser conocedores de lo ocurrido gracias a que un vecino de la localidad donde sucedieron los hechos grabó y denunció dicho linchamiento. En ambos casos hubo un grupo de humanos que participó y/o apoyó (antes y/o después de los hechos) a los asesinos. Y ante estas muertes, ¿qué ocurre con los culpables de las mismas? En el caso del perro se le impuso una multa de 6.000 euros, y en el caso del toro no había ley alguna que lo sancionara, por lo que el individuo que clavó la lanza mortal no realizó ningún acto ilegal. El problema es que vivimos en un mundo “especista” en el que se discrimina a los demás animales (los no-humanos) por el mero hecho de no pertenecer a la especie humana. De este modo, podemos ver que el asesino del perro recibió una sanción ridícula y totalmente distinta de la que se hubiera producido si la víctima hubiera sido un animal humano, y en cuanto a lo ocurrido con el toro podemos ver un ejemplo típico de especismo entre no-humanos (se protegen algo los intereses de perros o gatos, pero no los intereses de los toros, por ejemplo). Por lo tanto son dos hechos tristes y totalmente reprochables pero, si nos damos cuenta, el especismo que conlleva que el asesinato de un toro sea legal es el mismo que permite y fomenta los asesinatos continuados y sistemáticos en los mataderos, piscifactorías, barcos pesqueros, fábricas peleteras, laboratorios… Los animales no humanos son tan merecedores de respeto como los humanos, puesto que a todos nos une la capacidad de sentir, y por ello de desarrollar intereses.Todos nosotros queremos vivir y disfrutar de nuestras vidas en libertad. El ser de una especie determinada no nos otorga derecho alguno a masacrar (someter) a los de otras especies (al igual que el ser hombres no nos da derecho a dominar a las mujeres). Aunque no salgan en las noticias, cada segundo son asesinados 3.000 animales no-humanos. Seres que, al igual que el toro de Tordesillas, el perro de Aguiño o nosotr@s, quieren vivir y disfrutar de sus vidas. Desde el lamentable hecho de Aguiño (junio del 2004) han sido asesinados 209.952.000.000 (209 mil millones) de vacas, atunes, gallinas, cerdos, pulpos,… en los mataderos, piscifactorías, barcos pesqueros,… No importa si el arma utilizada es una lanza, un palo, un cuchillo, un anzuelo,… o una inyección letal. No importa si el asesinato se ha cometido en público (fiestas populares) o en privado (mataderos, barcos pesqueros,…). No importa si el que mata lo hace por diversión o por trabajo, lo importante es que sus muertes son injustas y evitables. Tod@s podemos dejar de ser especistas (actitud que nos inculcan desde la infancia), y empezar a respetar la vida y los intereses de los demás animales, y para ello lo más efectivo es dejar de usar al resto de los animales, y no considerarlos como cosas para nuestro provecho, lo que se traduce en ser vegano. Ser vegano implica no alimentarse de animales ni sus derivados (100% vegetariano), no vestirnos con productos animales (lana, cuero, seda o piel), evitar los productos con ingredientes o testados en animales, no acudir a actos o lugares donde se les prive de libertad o se les use como diversión (circos, zoos, acuarios…). Todos esto es posible y no conlleva grandes esfuerzos, solo supone cambiar nuestra actitud para conseguir un mundo más justo para todos. |
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